domingo, 10 de abril de 2011

TELENOVELAS Y TELENOVELEROS





    TELENOVELAS Y TELENOVELEROS
Una íntima relación que el tiempo está madurando

Irene Martínez Zarandona
México, D.F., 24 de octubre, 2000
Reg.Dchos.deAutor
No.03-1999-101410070500-01

PUBLICADO: Revista Mexicana de la Comunicación
Año 13 - No.67, enero/febrero 2001


Introducción
Telenoveleros y humanos
Maniqueísmo
Triunfo de la justicia
Énfasis en las emociones
¿Nuevas telenovelas?




Introducción
¡Oye!, cuéntame ....¿Qué pasó ayer?. No nos referimos al proceso electoral del año 2000, ni a los vaivenes de la bolsa, las catástrofes naturales que asolan al país o el último terremoto; la frase se refiere a la telenovela de moda y despierta en el otro la fruición de una confidencia personal.
El éxito de las telenovelas no consiste sólo en la mercadotecnia que han desatado o en el interés de comerciantes y detentores de los medios, que ven en ellas un pingüe negocio, su verdadero éxito hay que buscarlo en el sutil engranaje que las une a las necesidades y rasgos psicológicos de los televidentes que gustan de este género, personas que diariamente pasan muchas horas frente a su televisor y se vuelven verdaderos conocedores de las historias y las vicisitudes de los personajes.
Entre productores y receptores se han establecido relaciones no oficiales pero sí exitosas, que diariamente realizan un diálogo de entendimiento sin palabras, y una red de complicidades en la que ambos reciben beneficios y por ello han logrado mantener una constante y creciente programación, que dura ya varias décadas. Pero sobre todo la telenovela es un fenómeno social intenso, complejo y polémico que en los últimos años ha llevado a estudiosos e investigadores a tratar de encontrar una explicación que lo abarque.
Se propone un acercamiento al conocimiento de la telenovela desde la audiencia, concretamente una parte de esa teleaudiencia que cotidianamente se sienta frente a la pantalla y que por diversas razones aún desconocidas, disfruta del melodrama. Personas de diversas edades, sexo, nivel socioeconómico y distinta escolaridad y a los que llamaremos “telenoveleros”, ya que es un término que puede definirlos como personas que gustan de estas historias y son asiduos receptores del género.
Entrar en el terreno de las mediaciones individuales para comprender un fenómeno comunicacional, requiere partir del supuesto de que existe una relación entre las telenovelas y los telenoveleros, y por lo tanto profundizar en su análisis desde un marco conceptual que permita fundamentar ambos aspectos del binomio como un proceso de interacción, que abarque a los protagonistas de la comunicación.

Con este fin se toma como marco de referencia el Enfoque Sistémico de la Comunicación, que permite tener un acercamiento global al fenómeno comunicativo de las relaciones tanto familiares como sociales en las que se desarrolla el individuo y en este caso es posible aplicarla a la relación que el receptor establece con la televisión y de manera más concreta los lazos que unen al telenovelero con la telenovela.
Partiendo de este modelo de interacción se desglosan algunos de los principales elementos que caracterizan a la telenovela como son: el maniqueísmo, el final feliz con el triunfo de la justicia y las temáticas referidas a las emociones. Cada una de estas características se trata a la luz del desarrollo normal del niño y se relaciona con los posibles rasgos del telenovelero, ofreciendo algunos puntos de contacto y explicación de cuales pueden ser las motivaciones íntimas que los mueven a verlas e incluso en algunos casos, volverse adictos a ellas.
Finalmente se postula la hipótesis que relaciona las modificaciones en la temática y producción de algunas telenovelas mexicanas, que pueden estar reflejando posibles cambios en las características de parte de la audiencia, que empieza a querer temas diferentes, dejando atrás historias pueriles por novelas con temas de más fondo, que bien pueden convivir con el melodrama pero que dan otra dimensión a la recepción dramática.
¿Están cambiando las telenovelas al telenovelero?, ¿hay telenoveleros que exigen nuevas telenovelas?, o tal vez, ambos telenovelas y telenoveleros, evolucionan mutuamente y ¿están generando cambios en la recepción social de la cultural?.

Son sólo algunas preguntas que pueden plantearse y que valdría la pena investigar con mayor profundidad, ubicando el enfoque de investigación en el grupo de análisis de los usos y gratificaciones, que establece Jorge González (1988), y hacen referencia al tipo de necesidades que las telenovelas tienden a satisfacer en la audiencia y la utilización que ésta hace de las telenovelas.
Conocer el melodrama y su manifestación cultural en las telenovelas latinoamericanas, no consiste solamente en desglosar sus elementos literarios y dramáticos de sus orígenes como género, ni tampoco desenmascarar los procesos económicos y de mercadotecnia que han desatado, sino adentrarnos en los oscuros vericuetos de las emociones humanas e introducirnos en las raíces motivacionales que rigen sus decisiones vitales. Ninguna manifestación emocional debe escapar al ojo escrutador de una sociedad que se mira en la pantalla, que a veces se admira y en ocasiones se espanta, pero que también puede reconocerse a sí misma y superarse.

1. Los telenoveleros son humanos.
Es poco lo que se conoce a fondo acerca de los receptores de televisión. Hasta el momento el estudio de las audiencias se ha limitado a abordar aspectos cuantitativos como las características demográficas y desde el punto de vista cualitativo recientemente se ha iniciado el planteamiento de cómo las mediaciones familiares y los ámbitos de la recepción están influyendo a los niños, especialmente.
Por ello se considera interesante ver el fenómeno de la telenovela y su engranaje con las necesidades y motivaciones de los telenoveleros, como polos de una comunicación que están en estrecha interrelación. Verlos como un todo en proceso, para empezar a descubrir porqué la telenovela ha ido ganando terreno en el gusto del público, siendo cada día más los aficionados a ellas, y en el otro lado del proceso comprender como la audiencia con sus opiniones y preferencias ha hecho que la producción de telenovelas evolucione.
Por qué se habla del significado e importancia que el propio receptor otorga a los productos audiovisuales que recibe y cómo el significado que estos mensajes le despierta tiene características únicas según su propio contexto y personalidad. Es decir a un mismo mensaje cada receptor lo resignifica de forma única y particular, según su propia circunstancia.
De hecho el proceso de recepción está determinado por una serie de mediaciones personales del sujeto, entre la que podemos incluir su nivel de escolaridad, ocupación, sus hábitos y costumbres, su ideología, la cultura de donde proviene, su familia de origen y el ambiente en el que se desenvuelve, y un aspecto especialmente delicado y pocas veces mencionado, su nivel de desarrollo emocional.
Al receptor como ser humano hay que comprenderlo como una unidad, un ser completo biopsicosocial, condicionado por una familia y una cultura determinada, una historia de vida, experiencias emocionales vividas y conceptos aprendidos que son la matriz con la que juzga su circunstancia y se ubica en el mundo. En el desarrollo psicoemocional del sujeto es donde se encuentra la raíz de su comportamiento, incluso en relación con las otras mediaciones culturales (situacionales, institucionales y videotecnológicas). Por que en la esencia de cada uno como persona se hallan las necesidades que lo motivan y mueven en la búsqueda de los satisfactores emocionales y materiales, que requiere para mantener su equilibrio interno.
En esa búsqueda personal y en muchos aspectos inconsciente, las personas se relacionan con su medio tratando de hallar aquello que mas necesitan. Son acciones motivadas por conflictos, anhelos, capacidades e inquietudes que requieren de metodologías y baterías de pruebas específicas, para poder penetrarlas y conocerlas a fondo; pero es posible empezar a retomarlas como hipótesis para comprender las preferencias televisivas del público, con la intención que en el futuro promuevan investigaciones mas profundas.
 Los individuos efectúan acciones y buscan personas, objetos y alimentos incluidos los "espirituales", para llenar esos huecos de insatisfacción que no han podido ser cubiertos. Entre estos últimos alimentos espirituales podemos encontrar todas las manifestaciones de la cultura, desde la admiración de un edificio armónico hasta la lectura. La contemplación de la naturaleza hasta el gusto por el cine y desde luego el visionado de programas televisivos.
En el caso concreto que ahora nos ocupa, la telenovela tiene características específicas para un público insatisfecho, al que le muestra sin embages una enorme gama de emociones, encajando perfectamente, en la necesidad básica de todo ser humano de sentir, hablar y manejar su vida afectiva, y esto es probablemente lo que hace que sean tan vistas y comentadas.
A continuación y basados en el Enfoque Sistémico de la Comunicación se parte de la relación establecida entre telenovelas y telenoveleros y se profundiza en el tema desde las características de la telenovela (por ser de los dos extremos el más conocido), para tomarla como punto de apoyo de una comprensión más certera de quienes disfrutan de ellas y las posibles razones de esta preferencia. Se toman tres de los principales rasgos en los que coinciden los autores para describirlo, el maniqueísmo, el triunfo de la justicia y el énfasis en las emociones. Al desarrollarlos se relacionan con algunos presupuestos teóricos de la psicología, referentes al desarrollo psicoemocional del ser humano.
Esta descripción corresponde principalmente a las primeras etapas de vida del niño, pues es donde se han encontrado más rasgos compartidos con el melodrama y una posible explicación del éxito de la telenovela.

2. ¿Qué las hace tan atractivas?

 

2.1. Maniqueísmo. Polarización del bien y el mal.

Es un rasgo evidente y característico del género la polarización del bien y del mal, el telenovelero no tiene que hacer muchos esfuerzos por detectar los rasgos de carácter de los personajes y lograr la identificación del problema. Esta situación le facilita las cosas y en ello estriba uno de los grandes éxitos de la telenovela, aquí las cosas son evidentes y él sabe a que atenerse, lo cual lo ubica en el conflicto y le brinda la sensación de que al final los malvados recibirán su merecido castigo.
Esta polarización del bien y el mal se ve reflejada en el fondo de todas las historias, éstas transcurren por senderos sinuosos y llenos de dificultades pero siempre quedan planteados los problemas claramente, podrán ser difíciles pero nunca confusos.

Prácticamente todas las situaciones giran alrededor de la vida afectiva y los sentimientos ya sea de amores frustrados y tormentosos, o relaciones de odio, venganzas, e intrigas. Circunstancias conflictivas que viven los personajes, y que siempre tienen los límites definidos entre lo que debe ser y lo que no debe ser, conforme a las leyes y reglas de una sociedad que tiende a ser conservadora y no intenta plantearse cambios en sus estructuras. En la telenovela las decisiones de los personajes deben tomarse siguiendo el camino del bien, puesto que son virtuosos y actúan bajo el dicho de hacer las cosas “como Dios lo manda“, en esa determinada sociedad, por supuesto
El deber que rige estas situaciones corresponde a los valores salvaguardados por una sociedad que quiere seguir manteniendo sus patrones de organización. Blanca de Lizaur (1999), comenta que la telenovela tiene éxito como institución social que ofrece, en un nivel emocional, la visión del mundo que la sociedad necesita. Considera que "para sobrevivir en un lugar dado, es necesario apoyarse en las estrategias que le han funcionado a quienes antes que nosotros han sobrevivido en ese mismo lugar. Implica, por lo mismo, aprendizaje, pero un aprendizaje no como resultado de un "sermón", sino por el rechazo intenso a las consecuencias que trae un comportamiento negativo (esto es: por el rechazo a una estrategia que ya antes se ha demostrado como poco adecuada para sobrevivir en ese ambiente y lugar dados)", y postula que por eso el género gusta a pesar de lo repetitivo, por que tiene una aprendizaje que a las personas les gusta escuchar
En resumen, se puede decir, que cambia el tipo de contexto de las situaciones pero siempre queda claro lo que debe hacerse: el bien está perfectamente delimitado y el indeseable mal que ronda durante toda la trama está determinado que debe ser vencido justo al final de la historia, deduciendo el telespectador con toda seguridad que el futuro va a ser mejor para siempre, aunque en honor a la verdad, no hay razón para asegurarlo y creerlo.
Otro dicho que encaja bien en las tramas es aquel de "cada oveja con su pareja”, ya que la protagonista sólo puede y debe tener relaciones sexuales con el protagonista (aunque no puede decirse viceversa, puesto que "él es hombre"). La telenovela plantea roles tradicionales para ambos sexos, definidos por las actividades que realizan y las pautas conductuales que cada personaje muestra a lo largo de toda la obra.
Aspecto clave es la definición de los personajes, los hay buenos y malos, nunca regulares, con magistral habilidad cada personaje es presentado con los rasgos físicos e idiosincráticos que van a caracterizarlo a lo largo de toda la telenovela. Generalmente su bondad o maldad no afectan su aspecto físico, y sus pensamientos, sentimientos y acciones no dejan duda de las buenas o malas intenciones, y de quiénes son los culpables y las víctimas. Incluso se vuelve algo predecible la conducta de cada personaje, sus intrigas son esperadas en cuanto se capta que pertenece al bando de los malvados y esto suele suceder en los primeros capítulos, por no decir desde el primer momento.
La polarización debe quedar perfectamente definida por la actuación de estos seres, que siempre responden con bondad o con malicia según sea su naturaleza angelical o diabólica. Con ello se ponen en juego los mecanismos de introyección y proyección que permiten la identificación de los telenoveleros con aquellos personajes que militan en el bando de los honorables, en cambio pueden proyectar sus mas intimas pasiones y odios en aquellos que son malvados.
Esta situación se da con plena naturalidad. El telenovelero no se detiene a pensar en lo bueno de los malos o como podríamos decir también en lo malo de los buenos, ni en las razones íntimas de estos personajes, ni en las posibles causas de porqué son así; simplemente proyecta sus enojos sobre los tiranos y se identifica con los personajes ideales y bondadosos.
Todo ello se entrelaza en la fantasía y la psique del telenovelero, porque la comunicación se da no sólo en lo que explícitamente se dice sino con aquellos contenidos implícitos que son comunicados por gestos, acciones y sugerencias. Una especie de metacomunicación donde el telenovelero se engancha. Esto ocurre en las fantasías primitivas de los sujetos en consonancia con su nivel de desarrollo psicológico y los mecanismos de identificación que entran en juego para continuar y lograr la reafirmación de su personalidad y la satisfacción de sus necesidades afectivas.
Es interesante traer a colación algunas de las principales premisas expuestas por corrientes psicológicas, especialmente las psicoanalíticas, que explican que el niño en sus primeros contactos con el exterior y a lo largo de su formación retoma a manera de préstamo rasgos del “otro”, en primer lugar la madre y posteriormente del padre y las personas que lo rodean, abuelos, tíos, amigos, así como de los animales y personajes de cuentos e historias con los que encuentra rasgos comunes y en los cuales se reconoce. Con base en estas pequeñas identificaciones integra su personalidad, que en realidad nunca acaba de formarse, ya que a lo largo de la vida adulta continúa este juego de búsqueda y reafirmación de identidad, aunque ya no con la intensidad que se da en la primera infancia.
Es en esos primeros meses de confusión en los que el niño no distingue claramente quién es él y quienes son los otros, situación inicial de la vida en la que no tiene límites claros, y se constituye a sí mismo por un cúmulo de sensaciones y experiencias. El niño sólo siente y se relaciona con su madre o la persona que realiza las funciones de maternaje[1], que lo alimenta y satisface sus necesidades pero que también lo hace esperar y de alguna manera lo frustra en esa espera. El pequeño sólo sabe que ese ser a veces es bueno y lo alimenta y otras es malo porque está ausente y no atiende a sus necesidades de hambre, contacto, limpieza y sueño con la premura que él exige.
Son dos situaciones definidas de bienestar o malestar, se está bien o se está mal, el otro es bueno o es malo y es con esa disociación primitiva cuando el sujeto inicia sus primeras relaciones afectivas de manera ambivalente y es con la madurez psicológica que el ser humano va integrando internamente a esa figura y aceptando que se puede ser bueno y malo, que a una sola persona pertenecen ambas facetas y logra introyectarla como un objeto total.
Esta parcialización de la madre en un objeto bueno o malo es producto de las fantasías del niño que vive las sensaciones del momento, y tiene poca capacidad de encontrar razones para las circunstancias que está viviendo. Es decir, el pequeño siente gratificaciones por el objeto bueno, introyectándolo y haciéndolo suyo y a la inversa la imagen del objeto malo que se forma con la retirada y ausencia de la madre le provoca el rechazo. Así el niño se identifica y da su amor sobre el objeto bueno y gratificador y proyecta su agresividad sobre el otro que considera malo. En el origen de esta dialéctica se halla la dualidad del amor y el odio y es el nacimiento de la ambivalencia que rige todas las relaciones humanas. En el campo del melodrama esta dualidad queda plasmada abiertamente al presentarse situaciones donde los dos polos jamás se juntan ni se confunden.
Los mecanismos de introyección y proyección se inician en las primeras semanas de nacido y se prolongan a lo largo de la vida, aunque no con la vehemencia y profundidad de la niñez, ya que siempre se están buscando personas con cualidades de seducción con las que sentir mayor grado identificación. La adolescencia es una etapa en la que especialmente los chicos buscan modelos ideales a los cuales parecerse, y muchas veces los encuentran precisamente en los personajes de las telenovelas. Es importante señalar que este proceso sigue dándose en muchas personas mayores, que hallan en los personajes de las telenovelas, un blanco de su propia necesidad de identificación.
Los telenoveleros encuentran en la telenovela un campo fértil para la práctica de estos mecanismos, gente buena y bonita en contraste con los malos, y siempre en forma muy definida, sin lugar a dudas de quienes son los bondadosos y los malvados, lo que les facilitan enormemente las cosas.
Introyección y proyección son mecanismos primitivos que con el tiempo y el nivel de madurez, van permitiendo al individuo jugar con la idea de la integración psicológica de las cualidades y los defectos, y es hasta etapas avanzadas del desarrollo del niño cuando capta la doble naturaleza humana buena/mala, y acepta en sus padres y en él mismo estas dos caras de una misa moneda. La integración de los sentimientos es el inicio de una aceptación de la verdadera naturaleza humana.
Con la madurez psicológica y emocional el sujeto va aceptando la realidad asimilando y aceptando esta dualidad en las figuras paternas. Es un rasgo de madurez comprender que es característico del humano esta ambivalencia, y que a lo largo de la vida se lucha por tratar de que lo positivo sobresalga frente a lo negativo, adentrándose en el fondo del  verdadero conflicto humano, que es tema de novelas con contenidos más complejos, que los presentados por el melodrama.
Sobre estos conceptos del desarrollo humano puede explicarse que el telenovelero encuentre cómoda esta polarización primitiva en los personajes. Así le es fácil la identificación, en contraste con obras literarias y dramáticas de contenido profundo, donde los personajes son mas humanos, es decir duales, con rasgos positivos y negativos, certeza que causa conflicto para poder aceptarlos.

2. 2. Triunfo de la justicia.

El triunfo de la justicia y la seguridad de un final feliz, son elementos indispensables del melodrama, no importan las tribulaciones ni las penalidades por las que pasan los protagonistas, al final serán premiados y su amor triunfará.
Juego de entendimiento entre el productor de este género y el público televidente, porque en el fondo éste sabe cuál es el posible final, entonces ¿qué caso tiene ver tantos problemas, si se sabe que al final triunfarán los buenos?, ¿por qué seguir una interminable trama de odios e intrigas, si con el tiempo el amor y la unión de la pareja triunfará y el castigo de los malvados llegará irremediablemente?

La especialista Blanca de Lizaur (1999), describe esta característica y les otorga un elemento didáctico importante,  De este principio de justicia, se derivan todas sus características como género. Por lo mismo, podemos considerar que el melodrama es esencialmente pedagógico, y que conlleva a la vez un mensaje de esperanza para todos aquellos que se comportan de acuerdo con lo que una sociedad considera positivo. Es pedagógico ya que, aun visto como herramienta de manipulación, el melodrama procura cambiar un comportamiento, transmitir un mensaje, enseñar -en fin- por la descripción de las consecuencias que recaen sobre quien no adquiere este aprendizaje”.
Sin embargo este concepto nos puede servir para entender el apoyo por parte de autoridades y productores que fomentan este tipo de contenidos, pero se requiere explicar más a fondo el gusto intimo del telenovelero por ver asiduamente el género y para ello se debe nuevamente echar una mirada al desarrollo del niño en esta primera etapa que Sigmund Freud llamó narcisista: El pequeño vive en un mundo pleno donde no distingue entre el interior y el exterior, él es principio y fin de todo su mundo. Omnipotencia sentida y que a la menor molestia, con su propio llanto moviliza al otro, en general la madre, a satisfacer sus demandas. En este suceder de necesidades y dificultades, el alivio llega y aunque no lo haga inmediatamente los satisfactores producen en el pequeño la sensación de que sus necesidades siempre serán satisfechas por “un algo” que viene de afuera.
En su mundo la solución viene de ese ser todopoderoso que siempre tiene una respuesta al problema: alimento para su hambre, abrigo para su frío y consuelo para su llanto. Bien puede ser una explicación a esta faceta del melodrama que logra parejas felices y solo acordes con los gustos y necesidades del sujeto, basada nuevamente en esa certidumbre que de fuera vendrá una solución, y que mágicamente pondrá todo nuevamente en su lugar.
Llamémosle Destino, Dios, Madre, es un algo omnipotente que apoya lo bueno y premia; que deja libres a los seres humanos permitiéndoles su libre albedrío, la ejercitación del poder y las acciones que ellos gusten a su voluntad, pero que de desviarse el sujeto del buen camino y provocar desorden y caos, éste ser tendrá posibilidad de establecer el orden, y ofrecer un final  feliz.
La telenovela viene a ofrecer al telenovelero el terreno seguro y afable de su infancia, cuando los problemas eran detectados por su madre buena y todopoderosa que ofrecía alimento, abrigo y protección, y le brindaba esa inefable sensación de estar protegido y de que alguien, más temprano que tarde vendrá y ordenará las cosas y dará a cada quién su merecido.
Bien puede argumentarse que no todos han tenido el beneficio de una madre así, pero sí la sensación o necesidad de ella. El telenovelero busca el amparo o el recuerdo de esa sensación de bienestar, y aquellos cuya infancia no fue tan feliz buscan sentir que eso es posible, y podría decirse que la buscan, incesantemente y con más intensidad en cada nueva telenovela.
Ese sentir que el final será bueno, deja una sensación de relajamiento intenso, de refugio cotidiano aunque breve, de esa realidad dolorosa y en ocasiones absurda de la vida, que no siempre premia y mucho menos asegura finales felices.
Reforzando esta idea, los psicólogos hablan que en este primer período infantil hay predominio del pensamiento mágico, por ello en el niño la verdad y la fantasía tienen límites poco definidos, y en ese mundo sin fronteras de la mente infantil la tenue línea entre lo que es realidad y soluciones mágicas lo ayudan a un manejo más fácil de las ansiedades.
Al igual que en las etapas iniciales de la vida infantil el telenovelero recurre a la fantasía para la solución de los problemas. Igualmente el ver y seguir una telenovela permite la identificación con los protagonistas, la descarga de los propios conflictos y la ilusión de que los problemas podrán ser resueltos mágicamente de igual formal que en la vida de los personajes ficticios. Claro, esto sólo se cree por media hora cada día, pero muchas veces es suficiente para reanimar en la lucha cotidiana a muchas personas.

2.3. Énfasis en las emociones.
Para que haya buenas historias deben presentarse problemas, si no hay conflicto desaparece el interés en la trama. En el caso del melodrama no puede ser cualquier conflicto, éstos deben girar alrededor de los sentimientos. Las historias incluyen a los personajes secundarios con situaciones problemáticas que los ponen a prueba, pero en el fondo de todo, se encuentran los afectos que redundan en el sufrimiento o goce emocional de estos seres.
Los estudiosos del género coinciden en que uno de los principales motivos del éxito del melodrama, es precisamente que trata sobre sentimientos. Lo que gusta a los telenoveleros que viven, ríen y lloran con las vicisitudes de sus personajes favoritos. Esto es válido para las personas que se hallan en situaciones semejantes a los personajes ya sea por edad, etapa de la vida o circunstancias, como para aquellas que viven de los recuerdos o las que por diversas razones se ven impedidas de vivir abiertamente sus emociones en la vida cotidiana, y gustan de mirar telenovelas porque en ellas se reconocen e identifican con personajes que habitan espacios donde pueden y se atreven a hablar de sus afectos.
Un aspecto interesante es la tendencia del ser humano a la repetición según Sigmund Freud, (1973), “agregaremos tan sólo la indicación de que la imitación y el juego artístico de los adultos, que, a diferencia de los infantiles, van dirigidos hacia los espectadores, no ahorran a éstos las impresiones más dolorosas – así en la tragedia -, queda claro que las escenas dolorosas y dramáticas gustan de ser vistas a pesar del dolor que representan, las cuales, sin embargo, pueden ser sentidas por ellos como un elevado placer”, porque el ser humano en este repetir y ver escenas de dolor y desamor, aprende a lidiar con su sufrimiento y a manejar sus sensaciones e impulsos, incluso viendo telenovelas.
En el sentido de la repetición la telenovela es campeona, ya que se repite constantemente, y ello se refiere a la reiteración de ciertas escenas y a la repetición misma que surge con cada nueva propuesta aparentemente diferente. Ver insaciablemente en las telenovelas el manejo de las emociones es un intento válido de repetir hasta que se comprenden las propias situaciones o al menos viviendo y reviviendo las emociones de otros se tenga la posibilidad de poder elaborar las pérdidas afectivas que se han sufrido personalmente.
Los temas de la telenovela están enraizados en problemáticas humanas, situaciones que cotidianamente viven las familias, conflictos íntimos y reprimidos que no pueden manejarse y que es en la proyección de los personajes donde el telenovelero los comprende, justifica, e incluso aprende a manejar los propios.

Erick Erckson (1966), explica el desarrollo humano a través de ocho etapas que él considera vitales para llegar a la consolidación de una personalidad a lo largo de la vida. En cada etapa el niño, y posteriormente el adolescente y el adulto van resolviendo conflictos propios de la edad por la que van pasando. Cada etapa tiene sus conflictos y soluciones propios, y deben ser resueltas para tener un tránsito sano a través de toda la vida. Estos temas se ven reflejados en las historias y manejo afectivo de los conflictos que se resuelven bajo el tamiz subjetivo de la fantasía infantil propia de los primeros años del desarrollo, como la casualidad, las soluciones mágicos, la desaparición de personajes indeseables, arrepentimientos repentinos, etcétera.
Es importante mencionar que el género melodrama no toca ni los grandes temas sociales ni aspectos filosóficos profundos, el rango de sus temáticas está en la línea de los conflictos sentimentales humanos. Esto alivia al telenovelero que en su  vida adulta se ve obligado a pararse sobre sus propios pies y encuentra en la telenovela el refugio que lo releva de esa carga de tener que ser el mismo, y cumplir con sus obligaciones a pesar de la sensación de orfandad y soledad. La telenovela lo protege aunque sea por una hora de la realidad que exige un esfuerzo si se quiere alcanzar el éxito, y le deja sentir que al final todo saldrá bien y la confianza al menos en esta ocasión no se verá frustrada.
Las telenovelas llegan al fondo de la necesidad básica de todo niño de llegar a sentir fe en la existencia, tesoro invaluable. Hay seres que esta necesidad no les ha sido satisfecha; y entonces buscan en la seguridad del final feliz la fe que algún día perdieron y que se renueva con cada historia que los prende y engancha con una nueva trama.
Todo ser humano experimenta vergüenza, miedos y dudas, que son sustrato de sentimientos arcaicos sentidos en la primera infancia y que encuentra en la vida adulta la sensación de que se va ser castigado, temores paranoicos, perseguidores ocultos, amenazas confusas que son temas imprescindibles de la telenovela y que permiten al telenovelero transferir al personaje sus propios terrores y la sensación de que sus miedos pertenecen a otro, relajándose al menos por unos minutos de temor de ser castigado por faltas cometidas. La telenovela ofrece una sensación de control de los conflictos al tenerlos frente y no adentro, poder odiar sin perder la autoestima, ya que ese villano es de veras tan malo que no es reprobable odiarlo y está permitido hacerlo sin sentir vergüenza o duda ante la propia necesidad de ser bueno y no abrigar sentimientos negativos. Definitivamente la telenovela permite la proyección de la rabia, los celos, rencores y rivalidades, temas recurrentes de los melodramas y son uno de los aspectos más amargos de la vida emocional cotidiana.
Por otra parte también las personas viven atemorizadas por la propia responsabilidad de enfrentar las exigencias de la vida y el tomar iniciativas para lograr el cambio. Sus crisis los llevan a infructuosos tanteos, y temores de saber si se actúa bien o mal y entonces se proyectan en las crisis vividas por los personajes, las consecuencias de sus decisiones. Personajes que logran ejercer iniciativas exitosas y por lo tanto se vuelven ideales de estos telenoveleros, que hacen de esos éxitos algo propio, cuando los suyos son escasos.
La identificación, vale reiterarlo, no sólo es con el protagonista bueno, sino también con el villano, que tiene gran iniciativa y se atreve a actuar, a buscar y luchar por aquello que desea sin importarle los sentimientos ajenos y además lo hace sin culpa ni vergüenza. Esto permite que el telenovelero canalice sus propios deseos de ser como el malvado, que no le interesa nada mas que su propio beneficio, proyectando en el personaje sus mismas tendencias pero sin los sentimientos de culpa y el sentido del deber que en la vida real no le permiten actuar abiertamente. Así puede proyectar sus temores a ser despreciable, de ser como el villano y obtener lo que anhela impunemente.
Un tema especialmente importante en las telenovelas es el sueño de ser atractivo y despertar afecto; esa es una de las principales proyecciones del telenovelero hacia los protagonistas de la obra, una forma de soñar despierto, que tiene sus raíces más profundas en el manejo de la sexualidad que se hace en estas historias; tópico que ha logrado abrirse paso a lo largo del tiempo volviéndose cada vez más explícito, al unísono de la sociedad que se ha mostrado más abierta a ver y tratar este tipo de temáticas.
La telenovela permite que los sueños de tener una pareja feliz que fueron forjados en la infancia y la juventud se realicen, si no es en la propia vida, sí al menos en los protagonistas de la pantalla.
También es necesario mencionar aquellas temáticas que el melodrama no trata y que evidentemente son esenciales en la vida social de las personas y los pueblos,  temas conectados con cuestionamientos de tipo filosófico, ético, de trascendencia y  asuntos ligados con la ideología, la política y la economía entre otros. No es mera casualidad, sino que esto tienen un fondo psicológico importante que se liga con el gusto que los telenoveleros tienen con el melodrama.
Entre los temas no tratados se encuentran asuntos referidos a la  productividad de las personas. La laboriosidad no es asunto de una telenovela, a los personajes generalmente no se les ve trabajar; cuando mucho se les observa en los centros de trabajo conversando con sus compañeros y a los ricos en sus grandes y lujosos despachos dando órdenes a sus empleados, pero poco se ve trabajar y lograr con esfuerzo una meta; esas historias pertenecen a otro género definitivamente.
No se tratan problemas propios de la edad como la orientación vocacional, la identidad sexual o la problemática de los ancianos. Problemas de discriminación racial no son tratados abiertamente o vistos como problemas en sí mismos, aunque evidentemente las telenovelas están plagadas de estereotipos y pueden encontrarse múltiples ejemplos discriminatorios como la aparición de personajes con rasgos indígenas en papeles de criados, choferes, o delincuentes, y rara vez en puestos de poder; los protagonistas generalmente son de raza blanca, muchas veces rubios, situación que no es la común entre el pueblo latinoamericano.
No se trata la posibilidad de creatividad y generación de propuestas renovadoras para lograr cambios sociales, ni la integridad y coherencia entre el ser y el actuar especialmente en el ámbito político y social, ni la responsabilidad ante las propias decisiones. Éstos definitivamente no son temas de las telenovelas, al menos no son discutidos ni tratados a fondo, lo que completa el panorama abordado por Erick Erckson, que considera estos tópicos correspondientes a etapas mas maduras de la vida, a partir de que el niño entra a la etapa de latencia consolidando su personalidad y enfilándose hacia a la adolescencia.
3. ¿Nuevas novelas?, ¿nuevos receptores?
Últimamente en algunas telenovelas se están abordando temáticas relacionadas con la vida política y social de México, así como temas referidos a la condición de la mujer, problemas sanitarios y de género.
Este tipo de telenovela rebasa el ámbito melodramático y se inserta en otro género que bien podemos llamar novela de contenido profundo, que guarda similitudes con la telenovela melodramática por el formato subdividido y seriado en capítulos pero que posee características propias de forma y contenido, donde ya no se tiene la seguridad de un final feliz.
Esta diferenciación es importante en el momento que vive México y el giro que algunas televisoras o productoras están dando en el tratamiento de sus temas y la reacción de un segmento amplio de la audiencia (aún poco estudiado), que está aficionándose a este nuevo tipo de telenovela cuyas características se diferencian del género melodrama y están más cercanas al drama o la novela de contenido profundo.
Estas nuevas producciones en comparación con el melodrama se presentan en el siguiente cuadro, aunque es necesario enfatizar que ambas tienen el formato de la telenovela.


TELENOVELA
MELODRAMA
NUEVA NOVELA
Maniqueísmo.
Polarización del bien y el mal.
Historias realistas. Donde se muestran el bien y el mal entremezclados
Triunfo de la justicia.
Seguridad de un final feliz.
Historias donde no siempre triunfa la justicia. Final lógico.
Énfasis en los sentimientos, temáticas y problemáticas referidas al primer círculo de interacción del ser humano,(pareja y relación con madre, padre, e hijos).
Además del conflicto amoroso de los personajes. Contexto referido a problemas sociales y políticos propios de la época que el país vive.
Personajes estereotipados.
“tipos” y “arquetipos”.

Personajes muy humanos con cualidades, defectos, que cometen errores y  aciertos.
Temas que excluyen  aspectos sociales y reflexiones filosóficas.

Cuestionamientos filosóficos y existenciales. Aunque aún no se toca  el tema de la responsabilidad social.

Así vemos que telenovelas como: La casa al final de la calle de Televisa (dirigida por un cineasta y que en el tiempo que fue emitida tuvo poco éxito), Nada personal, Mirada de mujer y La vida en el espejo, Todo por amor, Tio Alberto, entre otras, que siguen conservando el formato de seriación, historias de diversos personajes que corren paralelas a las de los protagonistas, con clímax que quedan inconclusos como gancho para retener el interés del espectador, pero empiezan a diferenciarse especialmente en las temáticas y los personajes que no son, "ni buenos/buenos ni malos/malos", sino una mezcla muy humana de rasgos positivos y negativos, y que son responsables de sus decisiones, enfrentando las consecuencias de ellas.
La crudeza de la injusticia, el aspecto de que en la vida no todo es como se supone que debería ser, ni necesariamente vence el bien sobre el mal. El espectador deja de tener la certeza de que el final será feliz. Esta es la misma situación que en novelas de fondo donde los personajes tienen defectos y virtudes, con sucesos impredecibles al igual que la vida misma que no te ofrece la certeza de lo qué sucederá mañana.
Se considera que algunas telenovelas actualmente dejan de ser melodramas para convertirse en novelas cuyas temáticas introducen problemáticas sociales y políticas; en ellas surgen temas que tienen que ver con aspectos filosóficos de la vida tratando de profundizar en la verdadera esencia de personajes mejor delineados psicológicamente, más cercanos a la realidad que a los estereotipos propios del melodrama.
Empieza a haber diferencias esenciales entre diversas telenovelas, que hablan de subgéneros dentro del mismo género y que nos indican de un cambio que empieza a darse en la oferta, pero desde un punto de vista del Enfoque Sistémico de la Comunicación, es un cambio dado en interacción con un público que a su vez está cambiando y pidiendo nuevas historias, nuevos formas de entretenimiento y de alimento espiritual y un medio donde canalizar sus emociones, inquietudes y formas de entretenimiento diversificado.
¿Está cambiando el telenovelero?, si es así ¿es general el cambio?, ¿se da en un sector determinado? ¿qué significa este cambio? ¿qué representa esta evolución en los gustos del telenovelero y en la oferta de los productores de la telenovela?
Quizás podamos emitir la hipótesis de que telenovelas con temas de contenido más profundo, que dejan de pertenecer al género melodrama, están reflejando cambios en la sociedad mexicana, lo cual estaría hablando de un mayor nivel de madurez y responsabilidad ante las propias decisiones y mejor participación sociopolítica. Situación que con el tiempo será interesante investigar.
En conclusión la telenovela es un género que satisface, realiza, canaliza emociones, permite la descarga de afectos, entretiene, enseña, moldea conductas, es un género que ofrece a la audiencia lo que esta pide.
Mazzotti lo cataloga como un género de la industria cultural constituido por tres instancias, la producción, un texto y la audiencia con sus expectativas. En la interrelación que existe entre ellos, es decir, productor, telenovela y el receptor telenovelero, se ha sostenido por años un diálogo de entendimiento que permite el sostenimiento de un género que ha crecido y madurado superándose técnicamente. Más que una producción y una recepción se ha dado una conversación de mutuos entendimientos.
La telenovela basada en el melodrama no cuestiona, ni ofrece elementos de reflexión, ni permite la discusión a fondo de la problemática humana; su trama transcurre en la superficialidad de la cotidianidad, que cada día ofrece un poco de sapiencia, un poco de sueños al asomarse a la ventana de la vida de otros seres y el refugio de ser observador de otras luchas que no son las suyas, aunque sí parte de su reflejo.

Y es ahí donde encaja la cuña de esta reflexión; la telenovela existe porque hay personas que la necesita y al necesitarla promueven que las empresas inviertan su dinero en producirla, y así ha sido, es y seguirá, pero eso no lo es todo. Por que  el género melodrama no es estático, ni los telenoveleros son todos iguales.
Al parecer se empiezan a perfilar nuevas rutas en las telenovelas y en los telenoveleros, siempre en interrelación porque se afectan, perjudican y benefician. Siempre duales, nunca semejantes. Un nuevo espectador surge y un nuevo tipo de telenovela gusta, donde los personajes son mas reales y las problemáticas ofrecen soluciones más complejas
Los cambios no son drásticos, los temas profundos son inconmensurables y de momento no todos pueden ser tratados al unísono, sin embargo empiezan a filtrarse por las grietas que la censura, la mercadotecnia y la madurez del público lo permiten.
No se postula la desaparición el género porque todas sus manifestaciones son válidas, simplemente es necesario percatarse de que hay públicos diferentes y niveles de desarrollo psicoemocional diverso, cada uno con su propio proceso, su tiempo, su madurez y su adaptabilidad, ni mejor ni peor; simplemente la tendencia humana es ir hacia la evolución de la conciencia y la telenovela puede aunar la distracción con el alimento interior, teniendo a la superación como la meta a lograr.
En ese sentido telenoveleros más conscientes y críticos tendrán mayores exigencias y sus requerimientos traerán telenovelas diferentes.
¡Aunque no la veas, yo te lo cuento mañana!

Bibliografía
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3.     Foucault M., (1990), "Tecnologías del yo y otros textos afines", Paidós, Barcelona España, p.48
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5.     Galindo, Ma. del Carmen, (1985), "La telenovela de refuerzo de valores sociales”, tesis profesional, Universidad Iberoamericana, México, D.F.
6.     González, Jorge, (1988), “La cofradía de las emociones interminables”, en Culturas Contemporáneas, No. 4-5, Universidad de Colima, Colima, México, pp. 13-65.
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8.     Martín Barbero, Jesús, (1989), "Comunicación y cultura una relaciones complejas", Telos No.19, sept. - nov., FUNDESCO, Madrid, España, p.24
9.     Meléndez Cespo, Ana, (1999), “Géneros de la televisión”, en Curso Uso pedagógico de la televisión”, Antología, Instituto Latinoamericano de la Comunicación Educativa, ILCE, México, D.F.
10.   Mazzotti, Nora, (1996), “La industria de la telenovela. La producción de ficción en América Latina”, Paidós, Estudios de Comunicación, México, D.F., p.23.
11.   Torres Aguilera, Francisco Javier, (1994), “Telenovelas, televisión y comunicación”, Ediciones Coyoacán,  México, D.F., p.17.




[1] Término utilizado en el campo de la psicología para definir las acciones que una persona realiza para alimentar y cuidar al niño en sus primeros meses de vida, mismas que requieren de una buena dosis de cariño y afecto hacia el bebé.

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